05 julio, 2011

El frío y el invierno

Desde hace tiempo, desde que tengo memoria me he quejado con mis papás, con mis amigos, de que mi cabeza no deja de sonar. Ese ruido constante que provoca el corriente de consciencia eterno e incontrolable y sin sentido. Y bueno, mi cabeza suena y suena a través de los años y yo sólo me quejaba, que quería que por un momento dejara de sonar, dejara de pensar y de cuestionarme y de quejarme. Porque al final, siempre se reducía todo ese ruido en quejas. En motivación que después acababan en quejas, en críticas, en vomitar pura basura cuando ya era hora de descansar. Puede que no tenga mucha coherencia... pero ya lo descubrí, que todo ese ruido, además de ideas y preguntas sobre todo lo que me rodea, eran quejas y esta semana las quejas aumentaron. Mi mamá llegó a explotar, a llorar porque yo no me paro de quejar, no paro de actuar como si hiciera las cosas de manera perfecta y el resto no -cosa que es totalmente verdad (la afirmación sobre mi actitud) pero yo no - claro, everybody knows: no soy perfecta. No. Ni nadie. Y pensé... ¿qué es lo que quiero más que nada en el mundo? ¿Por qué /Para qué estoy estudiando? Sólo qué... para ayudar. Así que hoy, le he pegado un "wate" (en buen chileno) a mi cabeza. Mi boca, va a parar de sólo quejarse, porque en mi corazón hay mucho más. En mi corazón, sólo quiero ayudar. Y es tiempo de realmente hacerlo y parar de llorar como la pendeja que ya no soy.

Eso.

1 comentario:

Hache dijo...

hace rato po vale, hace rato que ya no lo eres...
:D

te quieroooo