08 septiembre, 2013
22 julio, 2013
Estamos bien en el refugio los...
Hace tres días llegué a nuestro nuevo departamento (mío con una amiga) temporal.
Desempacamos, desempolvamos, llenamos (casi) la despensa y estamos comenzando a crear nuestro hogar momentáneo. Hace un poco de frío y hoy tuve que pensar "¿qué voy a hacer de almuerzo?" por primera vez (estoy exagerando). Comenzamos nuestra nueva aventura.
09 julio, 2013
Casi como crecer
(Quiero tratar de tener un hilo conductor acá, siento que anda todo muy disperso...).
Algunos piensan que es más fácil huir. Y no sólo huir como cambiarse de ciudad. Huir puede implicar: salir corriendo de algunos lugares o situaciones, querer cambiar de escenario de vez en cuando, viajar, entre otros.
Creo que bajo esa lógica, a mí me gusta huir. Me aburro mucho rato en el mismo lugar, con la misma gente, bajo las mismas condiciones. Cuando las cosas se ponen complicadas, a veces trato de arreglarlas, pero normalmente ahí me dan ganas de irme a otro lado. Con el tiempo me he ido desprendiendo de la gente y algunas cosas, como para poder hacer esta tarea más fácil. De algún modo la vida terrestre implica peregrinaje, aunque sea a micro escala.
Y es acá donde llego a lo que quiero contar: ya tengo un nuevo destino.
¿Cuál será mi última huida? Me voy a cambiar de casa. Pero esta vez ya no llegaré con mis maletas a que me acojan. Me voy a independizar (dentro de lo que se puede aún a esta edad, con aún un año como mínimo para sacar el cartón y un trabajo part-time), pero lo voy a hacer. De acá a una semana tendré que limpiar por mí sola, cocinar para no morir de hambre y administrar mi dinero. En resumidas cuentas: no morir en el intento.
Así huyo de nuevo, pero no de mí misma. Y le doy el "¡sí!" a una nueva etapa, de la que un contrato no me deja escapar... por un rato.
Uf.
26 junio, 2013
23 junio, 2013
¿Qué contar?
"Quizás por haber sentido tanto, me quedé sin sentidos. Anestesiado. Agoté lo que tenía almacenado, digamos que me gasté." (A. Fuguet. Por favor, rebobinar)
Cuando aún no creía tanto en Dios, alguien me leyó esto (que sale en Isaías 1:5-6):
"¿Por qué buscar más castigo? ¿Se rebelarán para siempre? Tienen la cabeza herida y el corazón angustiado. Desde los pies hasta la cabeza, están llenos de golpes, cubiertos de moretones, contusiones y heridas infectadas, sin vendajes ni ungüentos que los alivien. (...)"
Da lo mismo las creencias y que esto haya venido de Dios, para que los que no creen, porque siento que muchas veces realmente somos así: torpes, golpeándonos con los mismos obstáculos, dejando que nos tengan que reprender una y otra vez.
Hasta hace poco repetía mucho lo herida que estaba en ciertas áreas y que por eso ya no sentía, ya no siento como antes. De tanto pelear y tropezarme con las piedras de antes, de siempre y otras nuevas. De tanto querer soportar golpes en silencio, por mí y por otros. No lo veo, pero me siento como si todo mi cuerpo estuviese morado de tanto golpe, como si cada órgano también estuviera dolido. De tanto soportar ese dolor, que no tiene porqué ser algo tan grande, sino que son pequeños momentos de dolor que no he querido curar, me he hecho indolente.
Y de tanto querer pensarme insensible, ya no sé cómo sentir.
A veces es mejor dejar de porfiar, y descansar el cuerpo... pa' volver a andar sin tanto tropezar.
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